Diario Financiero

Alabar

No podemos alabar el deprimente espectáculo que nos dieron, esta semana, grupúsculos empecinados en dividir a los chilenos, escarbando y azuzando heridas de hace 50 años; mientras desatienden las urgencias del presente que juraron o prometieron remediar, financiadas con nuestros impuestos. Alabamos, sí, al Senado, porque honrando su trayectoria de racional sabiduría, encontró el tono para sanear el pasado y construir juntos el hoy y el mañana. Alabanza extensiva al “Chile Day” en Londres, que reúne a ministros de Estado con ejecutivos y empresarios nacionales, buscando atraer a inversionistas extranjeros con el imán de una economía robusta por inflación decreciente. Dividir es tarea diabólica. Construir puentes, tarea divina,

Algunas voces no alaban, sino critican el presunto silencio de la Iglesia sobre lo que Chile necesita para recuperar su grandeza. La Iglesia habló, pero muchos medios silenciaron su mensaje reconciliador. No se dedica, la Iglesia, exclusivamente a alabar a Dios en sus templos y monasterios. Obedece la enseñanza de Jesús: pedir, agradecer y alabar a Dios, pero también obrar con la misericordia del Buen Samaritano, sanando enfermedades, curando heridas y trabajando por la unidad, fuente y corona de todos los bienes. El testamento de Jesús fue categórico: “Que todos sea UNO”. Y entregó su vida en la Cruz “para reunificar a los hijos y hermanos dispersos”.

Las religiones monoteistas, lejos de entender la alabanza a Dios como un preciosismo litúrgico, la han practicado como arma eficaz para remediar urgencias terrenales. Así ocurrió con la toma de Jericó. Era ésta, siglos antes de Cristo, una ciudad doblemente amurallada, a cal y canto. Su muro exterior tenía espesor de 3,5 metros. Muchos extranjeros codiciaban su riqueza, su clima tropical y sus frutos, inubicables en regiones mayormente desérticas. Los israelitas, que tras salir de Egipto anhelaban afincarse en suelo propio, enviaron espías para sondear el terreno. Su informe fue deprimente: “esta tierra se traga a sus moradores, y allí son todos gigantes; imposible conquistarla”.

Josué, devoto sucesor de Moisés, instruyó a los sacerdotes para que tocaran trompetas y cantaran alabanzas a Dios, mientras transportaban el Arca de la Alianza, contenedora de los Diez Mandamientos. Lo hicieron 7 días. Y al séptimo, los muros de Jericó se desplomaron solos. Después de esta alabanza entraron los guerreros y conquistaron la ciudad. Fue profecía de lo que un Ángel le dirá, a una virgen de Nazaret: “Para Dios nada hay imposible”. Hoy, esa Virgen es invocada como “Arca de la Alianza”, que aceptó la misión imposible de concebir y parir, virginalmente, al Legislador, Salvador y Rey del mundo.

Pío XII, llamando a la paz y reconciliación mundial, citó una alabanza de Cicerón al César: “la más admirable y grata de tus virtudes, es tu misericordia”.

Unidad y misericordia, necesitadas con urgencia, se conquistan pacíficamente alabando a Dios y a su Madre virginal.

HUMANITAS

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2023-09-15T07:00:00.0000000Z

2023-09-15T07:00:00.0000000Z

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