Diario Financiero

GUÍA DE OCIO

POR Patricio De la Paz

Tigres chilenos

Yenny Cáceres, periodista, crítica de cine y autora de Los años chilenos de Raúl Ruiz, no duda: para ella, la película que mejor representa la chilenidad es Tres tristes tigres (1968), de Raúl Ruiz, un director que ha estudiado y conoce bien.

“Desde su dedicatoria a Colo-Colo, Nicanor Parra y Joaquín Edwards Bello, Tres tristes tigres es una película que destila chilenidad en cada uno de sus planos. En su debut como director, Ruiz nos entrega una declaración de principios de su cine. Es una historia que se va por las ramas derecho a lo esencial y que, entre trago y trago, sigue a Tito (Nelson Villagra), Amanda (Shenda Román) y Lucho (Luis Alarcón) por distintos bares de la bohemia santiaguina de los años ‘60. Pero también es un retrato especialmente incómodo de los chilenos, de nuestra forma de hablar, tan oblicua y a veces incomprensible, de las verdades no dichas y de una violencia cotidiana que puede explotar en cualquier momento”, explica.

La película está disponible en la plataforma HENRI de la Cinemateca Francesa. ¿Cuál es la mejor forma de verla? Yenny Cáceres aconseja: “Acompañada de un buen tinto, para dejarse llevar por la embriaguez y brindar por la memoria del gran Luis Alarcón, prócer del cine chileno, que murió hace unas semanas”.

Libros de nuestras luces y sombras

La escritora Montserrat Martorell dice que si tuviera que decidir cuál es el libro que mejor representa a Chile, más bien hablaría de varios: “Pienso en aquellos escritos por José Donoso, María Luisa Bombal o Pedro Lemebel. Pienso en la poesía de Gabriela Mistral, en la literatura de Pablo de Rokha, en el arrojo de Manuel Rojas. Creo que todos ellos, sin igual, manifiestan nuestras luces y nuestras sombras”.

Y entra al detalle: “¿Quién podría decir que en Casa de campo no se recorre nuestra identidad? ¿Quién podría decir que El árbol, ese cuento pequeñito de Bombal, no hace referencias al machismo de una época que todavía parece la nuestra? ¿Y con La esquina es mi corazón?¿De perlas y cicatrices?¿Adiós mariquita linda? Podría seguir. Pienso en Epopeya de las bebidas y comidas de Chile. Pienso en Hijo de ladrón. Me es difícil pensar en un solo libro porque la literatura chilena está llena de buenos, grandes, entrañables libros que construyen quiénes somos. Y hay algo universal en todos ellos. Hay algo que no se acaba. Que sigue existiendo”.

¿Alguna recomendación para leerlos o releerlos? La autora responde: “Lanzarnos en su búsqueda, dejarnos alcanzar por sus páginas, por sus ritmos, por sus historias, dejarnos envolvernos y reflexionar y pensar en voz alta y no tenerle miedo a las heridas que hay ahí, porque son las nuestras”.

Las cazuelas

Así, en plural. Cazuelas, porque son muchas y distintas y todas forman el plato que según el crítico gastronómico Álvaro Peralta (Don Tinto) es el que mejor representa a nuestro país. “Chile está hecho a partir de un montón de cazuelas. La de llama en el norte hasta la de luche y cordero en Chiloé. Hay de pava, de pava con chuchoca, de albóndigas, de pollo, de vacuno, de chancho. Representan la diversidad de este país, como un plato estrella que es hilo conductor de norte a sur”.

Peralta dice que es muy raro encontrar una cazuela mala. Que en restaurantes y en las casas en general están bien preparadas. ¿Cómo comerlas? “Siempre acompañadas de pan y con una ensalada: de chilena -tomate y cebolla- en verano; de repollo o apio palta en invierno. Debe ser siempre acompañada también con vino. Y lamentablemente no todos los locales ofrecen eso, ya que no tienen patente de alcoholes debido a que tenemos una ley completamente obsoleta al respecto. Consejo: si va a ir a comer cazuela a un lugar, asegúrese que venda alcohol; si no lo hace, lleve el propio”.

Si tuviera que elegir un local donde comerla, el crítico gastronómico opta por la cazuela de vacuno que venden en el local 115 de La Vega Chica (Artesanos 721, Recoleta).

En el momento preciso

Si tuviera que elegir un disco a propósito de la chilenidad, el periodista y músico Mauricio Jürgensen se inclina por el Unplugged de Los Tres de 1995; “no precisamente por ser el mejor disco de la música chilena, ni siquiera por ser el mejor de ellos. Sino por el momento histórico en el que reivindica una chilenidad extraviada, por ejemplo, la de la cueca chora. Y por hacerlo en un escenario internacional (Miami), justo en días en que Chile intentaba mostrarse al mundo como un país ‘recuperado´ o en transición a una mejora cultural y de identidad”.

Jürgensen destaca especialmente la canción Quién es la que viene allí. “Se convirtió en un clásico, algo impensado para una canción de los años ‘20 y que apareció como un tributo a Roberto Parra (que había fallecido en abril de 1995, cinco meses antes del unplugged), quien durante décadas, del 50 al 80, mantuvo vivo ese repertorio de otra época, de un Chile olvidado frente a la imposición de otra música folclórica como relato oficial. Esta canción se identifica como ‘jazz huachaca’, que fue el nombre que el también autor de la obra teatral La Negra Ester le dio a la mezcla de foxtrot y cueca”.

“El disco en sí mismo es de un goce particular -continúa Jürgensen-. Muy bien tocado, en el mejor momento artístico y musical de la banda, conmueve también por la reacción que se advierte de un público mayoritariamente extranjero. Hay gracia y vitalidad en Henríquez y en el apoyo de Antonio Restucci (guitarra) y Cuti Aste (teclados, acordeón). Detalle: el estreno en ese show desenchufado de Traje desastre, una de las mejores canciones en la historia del grupo”.

El disco está en servicios digitales de música y en formato físico, en vinilo particularmente, reeditado en 2020, para sus 25 años.

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2023-09-17T07:00:00.0000000Z

2023-09-17T07:00:00.0000000Z

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